El último retrato
Historia de una fotografía que lo es todo.

Hay fotografías que son importantes.
Y luego están las que lo son todo.Un día me llamó mi amigo Juan Jesús Aznar.
Quería tomar un café, como tantas otras veces que quedábamos para charlar...
Cuando nos vimos, me dijo que estaba enfermo.
Cáncer.
Poco tiempo.
Sin dramatismos, como quien explica una verdad que ya ha aceptado.
Pero no me llamó por eso.
Me llamó porque quería una última fotografía.
Con sus hijos.Con su mujer.
Una foto de estudio.Una foto de familia.
De las que no pasan de moda.
De las que no necesitan explicaciones.
Una foto para quedarse.
La hicimos.Sin prisas.Sin artificios.
Con el silencio que solo aparece cuando todos entienden lo que está pasando, pero nadie lo dice.
Él estaba allí.
Presente.
Fuerte.
Con su gente.
El que hicimos el café, justo antes de levantarnos de la silla, me dijo una frase que no se me borrará nunca, la tengo tatuada en la memoria:
“No tengo miedo a la muerte ni tampoco a vivir.”
Esto no es solo una fotografía.
Es una despedida.
Es un acto de amor.
Es memoria futura.